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Retrato de una Escuela: Colegio Yeccan Waldorf de Guanajuato, México

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Por Tony Cohan

La ciudad mexicana de Guanajuato es seguramente uno de los más dramáticos asentamientos para una escuela Waldorf. Esta capital regional situada una milla sobre el nivel del mar, de 140.000 habitantes ubicada a cinco horas en automóvil norte de la Ciudad de México, fue fundada a mediados del siglo dieciséis y construida con la enorme riqueza de sus minas, las cuales durante tres siglos produjeron un tercio de la plata mundial. En 1988, Guanajuato fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El pintoresco centro colonial de la ciudad, las calles y túneles empinados y sinuosos, una universidad de 30.000 estudiantes, una tradición artesanal y los festivales artísticos internacionales anuales ofrecen a los estudiantes, maestros y familias Waldorf un entorno geográfico y cultural inspirador. Cada mañana de la semana, los estudiantes arriban a los portones del Colegio Yeccan Warldorf proviniendo de todas las direcciones usando varios medios de transporte – en automóvil, en taxi, por el funicular que sube las empinadas laderas desde el antiguo centro y a pie, a través de túneles subterráneos que transforman la ciudad en panal de abejas. El campus actual, asentado sobre una ladera encima de la ciudad que ofrece una amplia vista de las sierras aledañas, ha sido ampliado recientemente para incluir un nuevo anexo del otro lado de la calle. Esto provee aulas adicionales para los 107 alumnos de la escuela y sus diecisiete maestros, quince de los cuales trabajan a tiempo completo.

La población estudiantil está compuesta por los hijos de los maestros y profesores, empleados públicos, profesionales, comerciantes y de aquéllos que integran en el animado mundo de las artes de Guanajuato, quienes están buscando una alternativa al tradicional y altamente codificado sistema público de educación tradicional. La enseñanza se hace en español, pero el inglés y alemán son enseñados por maestros bilingües y por maestros invitados de Alemania, quienes pasan un año en el Colegio Yeccan como una alternativa al servicio militar. Cada año, un pequeño porcentaje de los estudiantes viene de familias extranjeras o de familias en las cuales uno de los padres no es de origen mexicano. Esto crea un ambiente multicultural muy único en las clases las cuales comprendían desde hasta hace poco del preescolar hasta el sexto grado. El trabajo arduo de maestros y padres ha convencido a las autoridades que la escuela puede mantener una escuela secundaría, lo que en México incluye los grados séptimo, octavo y noveno. La escuela ahora tiene un séptimo y noveno grado.

 

El Colegio Yeccan (cuyo nombre deriva del Nahuatl y significa “lugar de buen vivir”) Walford fue inaugurado en Septiembre de 1994 por cinco mujeres profesionales y madres preocupadas quienes, en las palabras de la cofundadora Gabriela Sánchez Rodríguez, estaban “interesadas en una educación que usara todas las facultades humanas”. Comenzó con treinta y cinco estudiantes y por diez años operó bajo el nombre Villa Educare de Guanajuato. Posteriormente la escuela cambió su nombre cuando, en las palabras de la Señora Sánchez, “nos llegamos a identificar más completamente con la pedagogía Waldorf que había reformulado ,nuestras primeras expectativas, y que ahora ha crecido y despierta el interés de muchos otros padres que desean ofrecer un verdadero regalo a sus hijos: una educación con corazón”.

El otoño es una temporada del año especialmente festiva en todo México, y en Guanajuato más que en ningún otro lugar, ya que proporciona la oportunidad para poner en juego muchos eventos y culturas diferentes en el Colegio Yeccan. En esta ciudad que, en las palabras de un reciente gobernador del estado, “respira cultura”, la temporada de otoño comienza con el Festival Internacional Cervantino, un evento que durante tres semanas en Octubre donde convergen músicas, dramas, y danzas de todo el mundo. Calles, plazas, iglesias y auditorios se convierten en un teatro viviente, proporcionándole a la comunidad Waldorf la oportunidad de observar y participar en el
festival de arte más grande de Latino América. Mientras tanto estudiantes, maestros y padres celebran el Festival de la Cosecha (“Harvest Festival” en inglés) en un anfiteatro al aire libre en las montañas aledañas de Santa Rosa con una obra teatral del dragón Michaelmas al estilo Waldorf y un picnic al cual cada uno aporta un plato.

Durante la observación del colorido Día de los Muertos de México, el 1 y 2 de Noviembre, los tradicionales alebrijes hechos a mano, pequeñas figuras de azúcar, son vendidos por artesanos en las plazas de toda la ciudad. Mientras tanto arriba, en el campus del Colegio Yeccan, los estudiantes se sumergen en esta antigua tradición cultural construyendo hermosos altares a los difuntos con objetos artesanales y cempasúchil (flores de maravilla/ caléndula), y preparando cajeta, una mermelada dulce hecha de camote (batata), guayaba, canela,nueces y azúcar. Al mismo tiempo, Halloween se celebra con calabazas, jugando a pescar manzanas que flotan en agua con la boca, condecoraciones de color naranja y negro, y canciones y recitadosen inglés – por ejemplo “Double, double, toil and trouble” (“Doble doble trabajo arduo y problemas”) de Macbeth.

“En realidad detrás de Halloween se pueden discernir una relación norte-sur”, explicó la maestra Michelle Marín. “Los orígenes de trick or treat (dulce o travesura) de All Hallow’s Eve (Víspera de todos los Santos) surge de la necesidad de limpiar la atmósfera de la Tierra de espíritus diabólicos, asustándolos, para que el Día de los Muertos, 1 y 2 de Noviembre, sólo puedan entrar los buenos espíritus. En esta época del año, muchas culturas perciben un desvanecimiento del velo que separa el mundo terrenal y el mundo espiritual. Con todo esto en mente, los niños que salen a pedir trick or treat (dulce o travesura) preparan el camino para nuestros muertos, quienes vienen a festejar en un ámbito seguro entre nosotros”.

En la segunda semana de Noviembre, el ColegioYeccan celebra otro de los eventos favoritos de las escuelas Waldorf, el Festival de los Faroles (Lantern Day en inglés) con un espectáculo de marionetas acompañados por lira y música grabada y por velas, linternas de papel, canciones y juegos. Más tarde en el mes, tomando ventaja del profesorado bilingüe y bicultural, se celebra el Día de Acción de Gracias (“Thanksgiving”) con una cena de pavo. El año culmina con las tradicionales posadas (procesiones), piñatas (juguetes de papel rellenados con caramelos) y pastorelas (dramas de Navidad).

El aula de quinto grado de Michelle Marin es un espacio brillante y aireado debajo de un cielorraso en bóveda curva (de ladrillo hecho a mano). Amplias ventanas y un balcón permiten una vista espectacular de la cercana La Bufa, la cima de montaña más prominente de Guanajuato. Dentro del salón, la clara luz matinal ilumina, plantas, conchas, canastas, pelotas, libros, pinceles, e instrumentos musicales los cuales reflejan la rica investigación por parte de sus estudiantes del mundo que los rodea, y del mundo interior. En este bien ordenado pero relajado ambiente, una docena de estudiantes de quinto grado, pendientes y motivados, se mueven a través de los ritmos regulares de su día escolar.

Michelle Marin es una mujer cálida y atractiva cuya presencia suscita un respeto natural. Se describe a sí misma como “una persona urbana que ha vuelto al campo en búsqueda de alternativas para mis niños”. Ella comenzó a trabajar como maestra Waldorf a finales de los años 70, en la ciudad de Lamborn Valley Waldorf de Colorado (escuela actualmente cerrada), estudiando y aprendiendo sobre la marcha. Desde allí ella se mudó a Ukiah, California, donde enseñó en la Escuela Waldorf del condado de Mendocino durante catorce años. Hace ocho años, Michelle vino a México por seis meses sabáticos. “No sabía que había una escuela Waldorf aquí”, dice ella. Y visto que era de herencia mexicana y tenía fluidez en español, se le pidió que ayudara a enseñar hasta fin de año y terminó quedándose a enseñar inglés, y más tarde tomó el puesto de en maestra de aula. “Comencé con esta clase en primer grado”, dice Michelle, “y pasaré sexto grado con ellos ”. Su hija, Joaquina, también enseña en el Colegio Yeccan.

El Colegio Yeccan es una de las cinco escuelas Waldorf con grados en México y, como escuela en desarrollo, es un miembro activo de la Asociación de Escuelas Waldorf de Norte América. Como delegada AWSNA de Méxic, Michelle Marín está bien calificada para hablar tanto de los placeres como de los desafíos de enseñar en el Colegio Yeccan y en México en general.

“El entrenamiento del maestro Waldorf en México es relativamente nuevo. Hay sólo un centro de entrenamiento para todo el país, en Cuernavaca, un curso de verano de tres semanas ahora en su sexto año. En los Estados Unidos, por supuesto, es diferente; hay muchas oportunidades para el entrenamiento. Entonces aún no tenemos más que uno o dos maestros completamente entrenados, aunque todos están en entrenamiento, yendo a las sesiones de verano.

Si el maestro está de acuerdo con regresar a la escuela, la mitad de los costos de entrenamiento son pagados a través del programa de AWSNA”. Pero encontrar y retener maestros Waldorf entrenados no siempre es fácil. Aunque Guanajuato es una ciudad relativamente próspera, México no es un país rico y los salarios son bajos. “No podemos cobrar matrículas altas”, dice Michelle, “por lo tanto no podemos pagar lo suficiente a los maestros. Muchos se van después de un par de años”.

Financiar el Colegio Yeccan es un desafío constante. “Tenemos una tienda para maestros y vendemos cosas para sostener el entrenamiento de los maestros. La feria de Navidad recauda dinero. Vendemos productos horneados y libros y auspiciamos conciertos de beneficencia. Si aún no alcanza, los padres ayudan con el entrenamiento docente. Pero el reunir fondos está más arraigado en la cultura Norteamericana. Aquí la gente tiende a pensar: ‘Si usted puede permitirse mandar a sus hijos a una escuela privada, ¿por qué trabajar también para recaudar dinero?’ ”

Aunque los costos de entrenamiento no sean altos en relación a Estados Unidos, limitan a aquéllos que pueden asistir. “Nosotros ofrecemos becas a padres que no pueden pagar”, dice Michelle, “y les pedimos que hagan otras cosas. Les pedimos que nos informen sobre sus ingresos y les ofrecemos descuentos. Y los maestros obtienen una condonación total de la matrícula para sus hijos, de forma tal que sus propios niños puedan ser educados aquí”.

Las ciudades, el estado, y las instituciones gubernamentales de México permiten que escuelas independientes, operen pero no siempre les dan su apoyo. Cuando la escuela había sido recién fundada, la ciudad financiaba el entrenamiento de los maestros a cambio de los cursos que la escuela le daba gratuitamente a los niños de la localidad en talleres de confección de muñecas, pintura y producción de velas, pero esto no ha vuelto a suceder desde entonces. Y hay restricciones oficiales concernientes al currículo: “Por un largo tiempo se nos permitió llegar sólo hasta sexto grado”, dice Michelle. “Y hay mucha burocracia. Ellos nos dan textos obligatorios de estudio y envían a supervisores a efectuar controles”.

Aún así, la atmósfera llena de vida en las clases, en los patios de recreo y en muchos eventos a lo largo del año, junto con una oleada de nuevas matriculaciones de niños que incrementan las filas del pre escolar, sugieren que el Colegio Yeccan Waldorf tendrá un futuro saludable. En el verano del 2006, Guanajuato hospedó una de las Conferencias Internacionales Kolisko llevadas a cabo ese año. Estas conferencias están enfocadas sobre los elementos curativos de la educación y reúnen a maestros Waldorf, médicos con una orientación hacia la antroposofía, y terapistas (en música, euritmia y La Lección Extra). La reunión del 2006 en Guanajuato trajo desde el exterior muchos
visitantes, con conexiones al mundo Waldorf o a la antroposofía, hasta esta ciudad del altiplano mexicano. “Los padres que valoran la belleza y la estética son atraídos a Guanajuato”, dice Michelle.

“En comparación con los Estados Unidos, los niños de clase media no son expuestos a las durezas del mundo tan temprano aquí. La inocencia se prolonga. Y México mismo tiene un ritmo de vida más lento. Estoy más relajada aquí, y eso me ayuda a contribuir con más facilidad”. Al final del día escolar, los estudiantes parten del Colegio Yeccan hacia hogares cuesta abajo en el centro de la ciudad, o hacia comunidades ubicadas en las laderas de las sierras que rodean la escuela, donde todavía se pueden encontrar viejas minas e iglesias – lo cual perpetua la conversación educacional entre esta ciudad excepcional y el colegio sobre la colina.

Translation Agency: Catium, www.catium.com
Translator: Daniel Catalaa, This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

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