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Decir “lo siento” no basta

Download the article: Decir “lo siento” no basta: Como los niños pueden aprender a afrentarse a las consecuencias, reconciliarse, y crecer hacia la empatía

Autora: Vivian Jones-Schmidt

Imagínese: Tiene siete años y acaba de pasar un montón de tiempo construyendo el mejor castillo del mundo en la foresta aledaña a su escuela. Las murallas son tan altas cuanto los arboles más altos e inamovibles como montañas; el techo es pintado azul-cielo; el foso es más profundo de lo que Usted es alto y está repleto de cocodrilos. Ningún dragón, gigante, o ejercito enemigo podrá asaltar con éxito la fortaleza que construyó con tanto cuidado. Se aventura por el mundo para reclutar alguna que otra hermosa doncella. Al volver, constata con horror como uno de sus compañeritos remueve una de sus murallas para construir su proprio castillo, y otro niño se avienta y destruye lo que había quedado en pié. Usted se larga a llorar y corre hacia la maestra. Ella entonces llama a los dos niños traviesos para que se le acerquen y le pidan disculpa.

Tal vez uno de los estudiantes realmente lo siente por haber actuado como lo hizo. Actuó sin pensar, espontáneamente, y al ver a su amigo en llanto se dio cuenta de lo malo que fue lo que hizo y genuinamente desea que nunca lo hubiese hecho. El otro estudiante tal vez no sienta ningún remordimiento. De todos modos, sí dice las palabras “lo siento”, para que no lo castiguen. Entonces un estudiante está diciendo la verdad, y el otro, considerando prudente mentir, no lo está. Ningún observador o participante de esta, escena podría determinar con certidumbre quien es quien.

Los adultos de manera rutinaria requieren que los niños se disculpen en una variedad de situaciones. Decir “lo siento” puede que indique o no remordimiento; pero desde la perspectiva de un adulto, parece ser un paso necesario para poner las cosas en orden, sanar la herida, y restablecer harmonía. A los niños que inicialmente se rehúsan en decir que lo sienten se les impone frecuentemente un tiempo de reflexión hasta que acaten. Llegados a la edad de cinco años, la mayoría de los niños dicen “lo  siento” de manera automática, después de herir a alguien o cuando el adulto responsable se lo pide. Saben que es requerido y que, una vez dicho, podrán volver a jugar.

El decir “lo siento” de manera automática es una costumbre que muchos adultos siguen perpetuando en la adultez. A veces, como con los niños, lo decimos sin sentir verdadero remordimiento y entonces caemos en una falsedad. Sin embargo, nuestra expectativa es que el simple recitar de estas palabras sanarán, y que restaurarán una situación perjudicada por nuestra conducta. También suponemos que al disculparnos seremos tratados con entendimiento, absolución, y con un espíritu de reconciliación.

Sin embargo decir “lo siento”, aunque sea dicho genuinamente, no lo rectifica todo. Las acciones acarrean consecuencias, y no obstante el remordimiento que podamos sentir, de todos modos hay que lidiar con esas consecuencias. La expectativa de poder restablecer la relación o la situación a como era antes de haber tomado la acción es un ejemplo de “pensamiento mágico”. Una verdadera reconciliación requiere de compromiso, trabajo duro, y conciencia, en las acciones y en los pensamientos de ambas partes.

Esto nos lleva nuevamente a la situación descrita en el primer párrafo. Nosotros adultos quisiéramos que el niño responsable de la ofensa imaginara como sería ser la victima de su propia conducta dañina y que sintiera verdadero remordimiento. Pero aun para los adultos ejercer esta capacidad de imaginación—lo que constituye verdadera empatía y compasión—no es fácil. ¿Deberíamos entonces esperarlo de los niños? Cuando se lo ordenamos, los estamos obligando a mentir o a desobedecer.

En vez de una disculpa ensayada carente del sentimiento que quisiéramos que sintieran, es de mayor importancia para el niño darse cuenta que se requiere trabajo y esfuerzo para compensar por los efectos de nuestra mala conducta. Una estrategia entonces es tratar de restaurar la situación a su estado original. Si consideramos la situación descrita anteriormente, los tres niños podrían haber sido encargados con la reconstrucción del castillo.

Frecuentemente, sin embargo, el pasado no puede ser subsanado, y solo podemos pensar y actuar enfocados hacia el futuro. Por lo general lo que deseamos es una garantía que esta situación en particular no se presentará nuevamente en nuestras vidas. Esto es aplicable no solo al niño ofendido, si no que también a los niños que ofendieron.

Entonces, cuando estoy arbitrando estas confrontaciones le pregunto al niño ofendido “¿Te haría sentir mejor si Alice te dijera que intentará no repetir lo que hizo?” La respuesta ha siempre sido positiva. Luego le pregunto al infractor, “¿Piensas que le podrías decir a Maisie que intentaras no volver a hacerlo?” Una vez más, la respuesta ha siempre sido positiva. A veces los dos niños—trasgresor y trasgredido—hasta se tienen de la mano y brincan juntos de vuelta hacia la área de juego.

Un par de minutos después, paso cerca de los niños, escuchando y observando para asegurarme que estén jugando de manera saludable. Si están discutiendo, o si parece que un niño no está conforme con seguir el liderazgo del otro, dirijo su atención hacia otra actividad. Si están cooperando, no digo nada, pero los miro a los ojos y le sonrío a cada uno. Ambos niños necesitan saber que el conflicto ha sido resuelto, que los sigo queriendo a cada uno de ellos, y que todavía son parte de nuestro grupo.

Los niños necesitan asistencia para aprender como llevarse bien con la gente; necesitan la asistencia de adultos que sean responsables y que se importen por ellos. Cuando un grupo de niños aprende y trabaja juntos durante varios años— como en las escuelas Waldorf—el beneficio social puede ser enorme ya que la variedad, complejidad, y profundidad de las interacciones aumenta a medida que los niños crecen. Seguramente las lecciones aprendidas aquí serán lecciones que los niños llevaran consigo por el resto de sus vidas. Si las lecciones son correctas, toda la sociedad se verá beneficiada.

Translation Agency: Catium, www.catium com
Translator: Daniel Catalaa, This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.