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Ayudas en la vida cotidiana

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por Christof Wiechert

Articulo reproducido de Salud a través de la Educación - Un reto para pedagogos, médicos y padres

Por un cúmulo de causas, en la actualidad la profesión del maestro no es fácil. Hay causas de condición social (presión del tiempo, circunstancias de la vida, la instrumentación de un organismo escolar, elevadas exigencias, alto perfil de expectativas, la convivencia social, falta de dinero, etc.) y causas originadas en la vida personal. ¿Cómo encontrar una ayuda frente a todo esto? ¿Sobre qué podemos edificar, en qué podemos afirmarnos? A continuación esbozaremos algunas cualidades fundamentales y experiencias, aforísticamente:

 

Trato  con los recuerdos

Sin largas reflexiones recordemos algo de nuestra propia época escolar. Sea lo que fuese que estamos recordando, algo es seguro, los recuerdos aparecen rápidamente, no es necesario reflexionar largamente o descender a profundas cavidades de la memoria. Los recuerdos yacen próximos a la superficie de la conciencia, no están lejos. ¿Acaso, se trata de un tono básico soleado, o hemos desplazado las vivencias muy desagradable? Es importante, clarificarnos el tinte anímico respectivo. Los recuerdos se encuentran íntimamente ligados a nuestro Yo, la participación anímica empero conforma una parte de la cualidad de vida. Es importante, tomar conciencia de las tendencias pesimistas circunstancialmente allí existentes, para aprender a obviarlas.

Charles Dickens ha logrado fijar este hecho, de un modo inimitablemente bello, en el último de sus Christmas Carols. Como se sabe, escribió cuatro de estas ‘canciones’; como la primera de ellas alcanzó fama mundial, las tres restantes quedaron casi desconocidas. Justamente la última canción ‘The haunted man’ es de una belleza especial. Ya que relata como le ha ido al hombre en cuestión, al que, por un espíritu tentador le son quitados los pesados recuerdos de su juventud, con un buen, así llamado buen propósito. A causa de esta quita empero del tesoro de sus recuerdos, es presa de terribles cambios de su carácter. Por suerte empero, es una historia navideña y en el momento justo, todo se resuelve por el amor de una joven. En suma: ‘¡God, keep my memory green!’

La relación hacia el grado

¿Qué relación tengo con el grado, cómo me comporto? ¿Estoy contento y en armonía conmigo mismo, cuando los alumnos hacen exactamente lo que digo, lo que quiero o lo que tengo en mente? ¿Puedo soportar, que los niños exactamente no hagan aquello lo que me propongo, puedo guardar mi equilibrio, cuando los alumnos son impertinentes, desatentos y cosas por el estilo? ¿Puedo guardar la misma postura anímica, si a mi alrededor no acontece nada de aquello que había querido y esperado? ¿Cuántas veces hago un descanso? ¿Aún, lo se por mi mismo, o me encuentro en una situación donde ya no lo noto?

Quien solamente está satisfecho cuando los niños “se portan bien”, se encuentra en tensión constante.
¿Cuánto tiempo durará? Quien se ha habituado a este sistema, está en peligro de dominar volitivamente a sus alumnos. En el grado entero hay una tensión de fondo, aún, cuando superficialmente todo parece estar bien. A menudo notamos, que esos grados luego ‘espiran’ fuertemente en ocasión de las clases especiales, lo cual luego a su vez trae problemas. Lo primero, que el nuevo maestro debería adquirir, es un ánimo soleado, que, independientemente de la situación en el grado, pueda seguir siendo pleno de sol. El “portarse bien”, no es de por sí una meta.

Un ejemplo. Una maestra de quinto grado ha colocado todo su esfuerzo para enseñar a los alumnos una parte de Gramática. Pero, no hay caso, los niños no lo comprenden. Tienen la mejor buena voluntad, pero no lo comprenden. La maestra casi se desespera por la situación. Se decide sin vacilar, cambiar de tema y que los niños contentos (¡!) se olvidan del asunto. En la época siguiente lo intentan nuevamente. Una decisión de este modo tal vez no sea racional, pero es valiente. Salva el clima anímico, y, quien sabe lo que trae la época siguiente. Sabemos, que no tiene sentido realizar una carga moral a los alumnos, cuando no entienden algo.

Otro  ejemplo  del  séptimo  grado:  Nuevamente  se  trata  de  Gramática,  en  este  caso  de  oraciones compuestas. Un grupo de las niñas ha tomado la “decisión” de no comprenderlo. (¿Para que aprender eso?). Si no tenemos cuidado, esto se constituye en un desafío de poder, o en el juicio de que se trata de no-dotados. Podemos proponer empero, después de hablar con los padres, que nos encontramos cinco veces, después de finalizar la clase, para tomar juntos el  té, cómodamente, oportunidad en la  cual trataremos  de  entender  el  asunto.  Y  he  aquí,  en  el  clima  relajado  después  de  la  clase,  se  logra naturalmente, entender el asunto, y constituirlo en facultad. El único problema generado al cabo de esta experiencia es, ¡Que no quieren dejar de lado el privilegio de las reuniones de té!

Es normal que, cuando algo no se logra, esto ocasione el nerviosismo del maestro. Tendríamos que tomar conciencia de antemano de este peligro y no permitir que se genere este clima anímico. Así y todo, esa presión latente del “los niños no saben lo que yo quiero que sepan”, es una amenaza real del clima de las clases. ¡Hay que estar prevenido!

Se trata de pequeñas cosas. Pero, en estos pequeños hechos de las clases radica una parte importante de la salud de la comunidad del grado y del maestro.

El trato  con penitencias

Del modo, de cómo el maestro se maneja con las penitencias, contribuye en gran medida al clima saludable de una comunidad de grado. Ese trato con las penitencias es un indicio importante para nuestro auto-conocimiento, para saber de que manera estamos situados en el grado, de cómo estamos viviendo con los hechos del grado. Es sabido, que una impertinencia de los niños fácilmente despierta nuestro mal humor. Esa, es la primera trampa, dentro de la cual, como maestros solemos caer con facilidad.

El acto condenable, no debería tocar al maestro anímicamente. Debería conservar su libertad al respecto. Esto, se dice muy fácil, pero, no es fácil cumplirlo.

Luego, férreamente deberíamos atenernos al fundamento dado por Steiner, en el sentido de condenar al acto y no al actor (ya que se trata de niños). Dado, que el aprendizaje a partir de errores, es el modo mas humano para su realización. Aquí, comienza el actuar independiente. El alumno experimenta la conducta equivocada y la incapacidad –ambas circunstancialmente- dramáticas para él. La oposición y / o la vergüenza aparecen en su interior. Encontrarse entonces con un maestro, que ayuda a hacer lo mejor de la situación, aprender algo que vale la pena, algo, hacia lo cual mas adelante podemos retornar la mirada con gratitud, algo que uno mismo ha entendido, ha hecho, ha aprendido –esa, es la misión central del maestro. Los errores son necesarios para el aprendizaje –las “penitencias” están para posibilitar ese aprendizaje y no ser castigo, sino, transformación vivida, evolución, formación de capacidad. Por lo tanto es decisivo, que para la reparación de malas conductas e impertinencias podamos imaginarnos algo original. Lo original actúa a modo de una redención. Contribuye a lo viviente en el grado, cuando evitamos a evitar esquemas tales, como hacer copias, quedar después de hora o salir del aula. Es un ámbito, en el cual podemos examinar directamente, la fantasía propia. Un ejemplo:

Un quinto grado estaba afectado por una infección-chicle. El maestro piensa: ¿Qué puedo hacer? Profundiza el fenómeno y encuentra lo siguiente: Quien mastica el chicle, estimula en la boca todo aquello que es necesario para la recepción del alimento. Se pone en marcha el flujo de la saliva, no solamente en la boca, sino también en el estómago, se llevan a cabo secreciones, que se preparan para la prevista recepción del alimento. Entonces, a sus alumnos les contó lo siguiente:

“Queridos niños, escuchen esto. Imaginen, que están esperando en vuestra casa, la visita de un amigo, o una amiga. No solo está previsto el juego compartido, sino, que el amigo podrá quedarse y también para
compartir la comida. Vuestra madre prepara una deliciosa comida, con mucho cariño, se cocina algo muy especial. Todo está preparado para la visita. Entonces empero sucede, que el amigo, o la amiga no llega. Tampoco avisa nada, simplemente no viene. ¿Cómo pueden sentirse ustedes entonces? Seguramente un poco vacíos, ¿Tal vez, un poco engañados? Todo esto lo experimenta vuestro estómago, cuando están
masticando al chicle”. No es importante, si de esta manera queda subsanada la infección. El ‘acto’ ha
revelado su verdadera situación moral. En este caso, el hábito del chicle ha persistido. El maestro observó un paquete del chicle y vio, que debajo del título ingredientes estaba indicado un importante número de materias químicas. Entonces, tuvo una ocurrencia. Le dijo a los niños: A quien encuentro masticando durante la hora de clase, hasta mañana me aprende de memoria lo que está escrito en el paquete. Y eso ha sido lo efectivo.
Otro ejemplo: En el décimo grado (por supuesto) un varón se comportó de un modo imposible de soportar. La maestra perdió la paciencia y le dijo: ¿Se imagina usted, cuan difícil es dar una clase de Euritmia? En la próxima clase, usted se encargará de dar la mitad de la clase, exactamente, ¡25 minutos!”. Ha sido una clase de Euritmia fuera de serie, inolvidable. Desde entonces, el alumno participó plenamente de la tarea.
También la fechoría puesta en evidencia puede conducir a una evolución del alumno y del grado, a una salida. Pero, también aquí únicamente, cuando el maestro conserva la calma.

A través de algunos rodeos, el maestro se entera de que un alumno reiteradas veces ha hurtado algo en un comercio de la vecindad. El maestro toma aparte al alumno en cuestión y le hace la pregunta al respecto. Al cabo de algún titubeo, confiesa. El maestro va al comercio y habla con el dueño. Se concuerda, que el niño durante algunos días ayude durante el mediodía en el comercio. Así lo hace, después de haber vencido su vergüenza y se genera una relación cordial entre el “pecador” y el dueño del negocio.(Yo también fui joven). A menudo se verá, que hace falta un hablar con los padres para relativizar el asunto, y no acosar al niño innecesariamente.

Temperamento y cualidad  de vida

Mucho se habla acerca del temperamento del niño y esto con toda razón, dado que la comprensión del temperamento es para la calidad de vida del grado, lo que el aire es para la respiración; el aire es libre y podemos llegar a la comprensión, o, presionamos contra un muro invisible y no podemos pasar. Aquí, el conocimiento del temperamento propio, juega un rol importante. Ese conocimiento cobra la misma importancia, que el conocimiento del temperamento de los alumnos. ¿Conozco mi propio temperamento? Por cierto, que todos hemos escuchado en la conferencia pedagógica la presentación de un grado. El maestro se acalora, tratando de demostrar al cuerpo docente, que tiene un aula, un grado colérico. Los que están escuchando son invadidos empero de la leve suposición – Querido colega, estás hablando de ti mismo…

Deberíamos conocer al temperamento propio y tratar de equilibrar eventuales unilateralidades. ¿Cómo determino mi propio temperamento? Para ello hay muchos caminos. Podemos tener presente la figura de nuestro cuerpo, ¿Qué me dice? Esa figura es alta y regordeta, esbelta o mas bien regordeta? ¿Cómo nos manejamos con la pesantez, la dominamos fácilmente o en cada caso requiere un esfuerzo? Podemos preguntarnos (esto lo podemos emplear también cuando determinamos el temperamento de un niño) en todo caso, ¿Qué no soy? ¿Qué aspecto tiene mi escritura, es “levemente bordada”, o muestra firmeza? ¿Es pequeña o grande, angulosa o redonda? Utilizando estos simples medios, ya avanzamos un buen trecho. Podemos emplear un camino mas sutil, al tratar de tener presente, que reacción tienen frente a nosotros los colegas, los padres. ¿Siempre surgen problemas en determinado punto de la comunicación?

En el caso del adulto aun deberíamos tomar en cuenta, que la base temperamental se puede manifestar de diferente manera en el pensar, el sentir y la voluntad. Según su naturaleza volitiva, alguien puede ser colérico y en cambio su pensar puede tener un tono claramente sanguíneo. Además en el ámbito del sentir puede estar dado un matiz melancólico. Un colega alto, esbelto, con donaire con una naturaleza plenamente sanguínea, puede ser un fuerte pensador colérico. En una persona adulta es poco frecuente un temperamento “monocromático”, siendo, que es normal, la existencia de un temperamento dominante. Conocer nuestro propio temperamento nos ayuda a poder dirigirnos a los niños en su temperamento correspondiente.
En relación con el temperamento se plantea la cuestión a nosotros mismos, con relación a la movilidad interior. La movilidad interior es una elevada virtud en la convivencia con la comunidad del alumnado (lo que no debe caer en la discrecionalidad y la superficialidad). ¿Cómo podemos aproximarnos a ello? La siguiente observación de nosotros mismos, puede ayudarnos: ¿Cuán fuertemente estoy sujeto dentro de mis hábitos? ¿Casi me enfermo cuando otra cosa altera la vida de mis costumbres? ¿O tengo la costumbre de no tener hábitos?

Todos sentimos, que un maestro que se mueve con todos los vientos, tiene las mismas dificultades que aquel, que se aferra a sus propias costumbres y conceptos. Contemplemos la vida de los hábitos desde el punto de vista de la Antropología general, el Estudio del Hombre, como base de la pedagogía. Los hábitos ‘habitan’ en el cuerpo etérico. Ese cuerpo de fuerzas posee una parte accesible para el yo y la conciencia, el pensar. Posee, a su vez una parte no accesible para el yo y la conciencia, que son las ejecuciones de vida que son manejadas en forma autónoma por el  cuerpo etérico. Entre ambos, en un ámbito de transición se encuentran radicados los hábitos. Son accesibles para la conciencia, pero no automáticamente. Es necesario una fuerte colaboración por parte del Yo, para llegar a los hábitos. El cambiar un hábito, lo percibimos como un asunto que no es fácil de hacer. Para algunos temperamentos le resulta ser casi imposible. Trasponer ese ámbito con las fuerzas del Yo, es una facultad muy beneficiosa para la profesión del maestro. Por lo tanto, al tratar de cambiar algún hábito, estamos trabajando en nuestra habilidad interior. Cuanto mas pequeño y simple en ese emprendimiento, tanto mayor será el efecto. Consecuencia: Vivenciamos frescura y aumento de fuerza. El Yo alcanza una parte del cuerpo, al que poco acceso tuvo con anterioridad.105

105 En muchas oportunidades, Steiner ha señalado este hecho, por ejemplo, en la conferencia: Nerviosidad y la entidad del yo, del 17.1.1912. In: Steiner, Rudolf: Erfahrungen des Übersinnlichen. Obras completas GA 143. Dornach 41994.