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Celebrando la obra de Shakespeare

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por Josie Alwyn

este artículo se publicó originalmente en la revista inglesa New View (www.newview.org.uk)

En la primavera de 2016, Londres acogió a miles de visitantes venidos de todos los rincones del planeta para celebrar la obra de Shakespeare. En palabras de uno de los organizadores del festival, “Celebrar la obra de Shakespeare es una satisfacción continua y creciente para los amantes del teatro, los actores, los estudiantes y los eruditos. El 400 aniversario de su muerte nos ofrece una oportunidad especial para poder tematizar nuestras celebraciones.”1

  ¿Qué es lo que hace que las obras de Shakespeare inspiren esta satisfacción continua y creciente en todo el mundo?’
    El año 2012 me dio una idea de lo que podía ser cuando asistí al festival Shakespeare en el Globo de Londres, en el marco de la Olimpiada Cultural. Dicha Olimpiada tuvo lugar al mismo tiempo que los Juegos Olímpicos de Londres de ese año. Consistió en la programación ininterrumpida de todas las obras de Shakespeare, representadas por compañías de teatro invitadas y provenientes de todo el mundo, cada una interpretando a Shakespeare en su propia lengua. En cada representación había miembros del público que compartían la lengua materna de los actores y que, obviamente, en muchos casos acudieron al teatro atraídos por esa lengua compartida. Pero la mayor parte del público, como yo misma, no entendía la lengua que se hablaba en el escenario y sin embargo nos cautivó la representación como si se tratara de un hechizo.  Esta experiencia, de 37 representaciones distintas, entre las cuales sólo dos fueron en inglés, me confirmó que la atracción por el teatro de Shakespeare no depende de la comprensión de sus diálogos. Más bien sugiere que las obras de Shakesperare nos hablan, a través de todos los sentidos, en el metalenguaje del alma humana.
    El eminente actor y director shakesperiano Kenneth Branagh lo destaca cuando recuerda haber visto "Romeo y Julieta" por primera vez cuando era muy jovencito: “Recuerdo haber estado cómodo sin entender nada o casi nada, pero como paralizado… había amor de juventud, sexo, bandas juveniles, violencia... En manos de aquellos actores y actrices, ese noviazgo incendiario con un lenguaje tan antiguo, hacía que me mantuviera inclinado hacia adelante...… sin temer en ningún momento la forma en que aquello iba más y más allá, en cuanto a su misterio se refiere, hasta un lugar al que yo nunca podría llegar. Con el tiempo el misterio se va atenuando y éste es en parte el motivo por el cuál continuo yendo en esa dirección.”2
    La poderosa descripción de Branagh captura varios elementos del atractivo dinámico de Shakespeare; y lo expresa en términos asociados al lenguaje del deseo. Por ejemplo, “estar cómodo” incluso sin entender la obra pero al mismo tiempo “paralizado” por su poder dramático. Luego está el “noviazgo incendiario” de los actores con el espíritu del lenguaje que le mantiene a uno “inclinado hacia adelante” al borde del asiento, encendiendo el deseo de continuar buscando el “misterio de la obra, que poco a poco se va atenuando”. En este punto Branagh apunta la naturaleza tridimensional de las obras de Shakespeare, que combinan un drama poderoso con grandes historias y una poética de oro.
    Branagh también señala el cuarto elemento vital que aporta todavía más poder a las obras de Shakespeare: la participación complaciente del público. Somos nosotros, los espectadores, inclinados hacia adelante para unir nuestra capacidad imaginativa a la de los actores, quienes completamos la experiencia teatral.  Somos nosotros, los seres humanos, quienes estamos dispuestos por naturaleza a complementar y a completar interiormente lo que se percibe como incompleto en el mundo sensorial exterior.
    Año tras año la neurociencia añade pruebas fehacientes que confirman nuestro antiguo conocimiento de esta colaboración creativa y dinámica entre la obra de arte y su destinatario. En el arte literario, el escritor diseña minuciosamente la coreografia del despliegue narrativo para invitar a los lectores a participar del viaje transformativo a través del texto: al experimentar cómo los personajes están “instruidos en el dolor de este mundo”3, los lectores amplían sus horizontes en cuanto a empatía y comprensión moral se refiere, poniéndose en el lugar de los personajes y caminando junto a ellos y dentro de ellos hasta el final de la historia. La neurociencia nos dice que este efecto está más arraigado físicamente al desarrollo de nuestro cerebro de lo que sabíamos hasta ahora.4
    En el teatro este poder transformativo de la “historia” crece de forma exponencial gracias al poder del arte dramático. Durante la actuación, el público de una obra proteica, integral, está rodeado por lo que ve, escucha, huele, gusta y toca de la experiencia teatral y completamente inmerso en ella. Cuando se consigue con éxito, podemos “dejar en suspense nuestra incredulidad” y convertirnos en compañeros en este baile con el drama, tan cuidado en su coreografía, que se va desplegando. Durante las representaciones de las obras de Shakespeare, en las que todo ha sido concebido para crear un efecto en el público, podemos darnos cuenta de que estamos atrapados en una especie de encantamiento comunitario en el cual, durante un tiempo, somos más conscientes que en nuestra vida normal de todas las posibilidades de la existencia humana, o simplemente de un satisfacción que siempre  habíamos sabido que existía pero a la que nunca hubiéramos llegado nosotros solos.5
    Así pues, el poder de las obras de Shakespeare radica en el conocimiento y entendimiento conscientes del autor de cómo trabajar con el potencial alquímico del alma humana en el momento de crear sus obras. Cada una nos regala una educación transformativa para el alma. Este conocimiento tiene sus raíces en los orígenes antiguos del teatro y su misión en el mundo; y es este mismo conocimiento el que podemos aprovechar en la educación de los jóvenes de hoy. En palabras de Brien Masters cuando escribe sobre el teatro en la pedagogía Waldorf:6
    Olas golpeando un acantilado rocoso o cúmulus cubriendo majestuosamente el cielo; la neblina azul de una tarde de verano en el cielo abovedado o el fuego de la puesta de sol; una tormenta cegadora o la calma durante la aparición de la luna: todas estas transformaciones configuran el telón de fondo natural de un teatro como el Minack en Cornualles7, con las gradas labradas en el acantilado próximo a Land’s End. ¡No hace falta que el estallido del trueno coincida con las acotaciones en todas las ocasiones! Pero un fondo así (sea cual sea nuestra opinión acerca de cómo tiene que ser un teatro al aire libre) nos puede aportar, a escala de grandeza cósmica, lo que es en realidad el medio del arte dramático. Dejando a un lado los enormes talleres y almacenaje de vestuario de cualquier teatro que se precie, no se trata de nada material, ni medible, ni ponderable; es el elemento sobre el cual se basa el progreso del alma humana: el elemento de la  transformación.
   
Una trayectoria profesional en el mundo del teatro abre la posiblidad de participar no solamente en  producciones teatrales, sino también en la transformación que una producción puede provocar en el público cuando participa en la alquímia del alma. Por ejemplo, como grupo debemos en parte a los creadores del teatro griego el nacimiento de la consciencia. En la pedagogía Waldorf el teatro se identifica claramente con este proceso de transformación. Pero el objetivo del teatro en este contexto es producir el cambio, no en el público (aunque también puede sentirse conmovido, claro) sino en los propios actores y actrices, los alumnos. Podríamos decir que entran en el proyecto como orugas y salen de él como mariposas. Y, llevando la metáfora un poco al límite, el professor difunde la luz del sol que estimula la larga y a menudo ardua tarea que cada obra conlleva mientras se encuentra en la fase del capullo.
    Esta visión tan tópica del proceso transformativo, traducida en la imagen de bellísimas mariposas emergiendo del capullo, sirve para expresar la satisfaccción que supone participar en una obra de Shakespeare: ya sea como espectador, actor, director, diseñador, alumno o erudito.
    Es la imagen entorno a la cual gira el nuevo libro escrito por Brien Masters y Josie Alwyn sobre lo esotérico en Shakespeare, Educating the Soul (Educar el alma), que se presentó el pasado mes de abril coincidiendo con el Festival Shakespeare de la Casa Rudolf Steiner de Londres. El libro se centra en la importancia que Shakespeare otorgaba a la necesidad fundamental de que las altas facultades como la Imaginación, la Inspiración y la Intuición complementaran los avances tecnológicos, la estructura política usurpada del “viejo mundo”, la codícia empírica que invade la vida de las personas, el materialismo… Según Brien Masters, la concienciación de Shakespeare acerca de todo ello se plasma claramente en el lenguaje, los sucesos, la sustancia, la estructura y la concepción del mundo que impregnan sus obras. Quizás menos evidente sea el remedio que Shakespeare proponía a modo de misión: que las obras complementaran el cambio de foco de conciencia que tan rápidamente invadía a sus contemporáneos, asegurándose de que la puerta que durante tanto tiempo había estado impidiendo el paso a la Imaginación, la Inspiración y la percepción Intuitiva no se cerraría de golpe.8
    Seguramente hemos llegado a la respuesta a la pregunta del atractivo duradero de Shakespeare;  nos ha mantenido abierto hasta hoy el puente de la Imaginación entre el reino de lo visible y lo invisible para que podamos cruzarlo cuando nos apetezca. Quizás la respuesta sea sencillamente que las obras de Shakespeare ofrecen al alma humana un espacio donde jugar (a la guerra o al amor), y que con el festival de su obra de 2016 estamos celebrando, por encima de todo, el espíritu del gozo que nunca deja de trabajar para la humanidad.  

Josie Alwyn vive en Lewes, Inglaterra, y es la co-directora del London Waldorf Teacher Training Seminar.

Traducido por Montserrat Babí

Endnotes
1. Festival Shakesperare, 21-24 de abril de 2016, Casa Rudolf Steiner, Londres, organizado por la Sociedad Antroposófica de Gran Bretaña y por la Sección de Humanidades de la Escuela de Ciencia Espiritual (extracto del folleto informativo).
2.     Página web del periódico inglés The Guardian "Stage: Kenneth Branagh live discussion on his new theatre company 2015. (www.theguardian.com/stage/2015/oct/09/kenneth-branagh-an-audience-of-100000-makes-for-a-different-feeling-in-the-tights).
3.     “Instruidos en el dolor de este mundo para ser o convertirnos en alma” parafraseando al poeta irlandés Seamus Heaney (1939-2013) al comentar la obra de John Keats en un programa de radio de la emisora Radio 4 de la BBC.
4. Ver, por ejemplo, el libro de Keith Oatley Such Stuff as Dreams, 2011 (edición no disponible en español).
5. Tomando como inspiración a Gabriel Josipovici cuando habla de Virginia Woolf en su colección de ensayos The Singer on the Shore, p.77 (2006) (edición no disponible en español).
6.    Child and Man, editorial, verano de 1982, vol.16, no.2.
7. El Minack es un teatro al aire libre situado en Porthcurno, Cornualles, Inglaterra. Está construído sobre un barranco con un afloramiento rocoso de granito que se adentra en el mar (minack en cornuallés, la antigua lengua celta de la zona, significa lugar pedregoso o rocoso). Se usó por primera vez como teatro en los años 30 y está considerado uno de los teatros más espectaculares del mundo, con el océano Atlántico como telón de fondo.
8.     Educating the Soul, on the Esoteric in Shakespeare; Alwyn y Masters; Temple Lodge, 2016. Introducción, p.3. (todavía no disponible en español)