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Artículos en Español

Cuidar las fuerzas vitales de los ninos pequenos

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por Renate Breipohl

¿Qué son las “fuerzas vitales”?

Se tiene tendencia a relacionar el concepto de fuerzas vitales con la cantidad de energía, vitalidad o actividad física que presenta una persona, y aunque es cierto que las fuerzas vitales pueden manifestarse en cierta manera entre estos aspectos, obtendremos una descripción más precisa si consideramos primero las fuerzas vitales en la naturaleza y después nos volvemos a fijar en el ser humano. El contenido mineral de la naturaleza se ha investigado en profundidad a través de las ciencias naturales. La naturaleza, en lo que concierne al mundo vegetal, está compuesta de aire, luz y del calor del sol; estos elementos son los que hacen posible la vida en la tierra y son condición necesaria para plantas, animales y humanos. La investigación científica no ha sido capaz de explicar el fenómeno de la vida, pero podemos hacernos una pequeña idea si observamos el crecimiento de las plantas: el desarrollo de una semilla hasta convertirse en flor, o el equilibrio de fuerzas que tiran hacia abajo y empujan hacia arriba. Se esconden muchos secretos en el crecimiento de un niño. Llamamos “fuerzas vitales” a todo lo que funciona entre bastidores para sostener a un organismo vivo, lo hace crecer y evita que caiga en la condición del mundo mineral, que es la condición de la muerte.

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De la autoridad externa a la moralidad internad

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por Dorit Winter

Dorit Winter nos pide cuestionarnos nuestra autoridad, aspirar a la objetividad, permanecer firmes y, por lo tanto, practicar los buenos hábitos. Si logramos estos objetivos, los jóvenes de hoy estarán preparados para enfrentarse al mundo; un mundo que necesita pensamiento independiente, creatividad y brújula interna. Este artículo investiga el territorio que Dorit Winter trata en el libro «Train a Dog, but Raise the Child; a practical primer» («Adiestra un perro, educa a un niño: un manual práctico») (1). En el libro, su perro, Scamp, es el divertido lema que recoge las ideas cosechadas a lo largo de sus 43 años de experiencia como docente Waldorf y formadora de docentes. Para este artículo, «ha dejado a Scamp en casa El libro, que recomendamos a padres, vecinos y amigos, está escrito para el público en general así como el profesional.

1. Autoridad
¿Por qué los docentes a menudo no son capaces de afirmar su autoridad? ¿Por qué a los padres a menudo les da miedo hacerlo?

Para el recién nacido, el bebé, el niño pequeño y el niño hasta los nueve años, el adulto es quien le proporciona la autoridad externa que aun no tiene en él. El adulto es capaz de realizar juicios, tomar decisiones, pensar qué es lo mejor para la criatura. Esto no significa que los niños no tengan su propia mentalidad. Un niño de dos años puede ser muy insistente. Pero hasta la edad que Rudolf Steiner caracteriza como la época en la que «la fuerza del ego empieza a surgir» (2) (hacia los 9 años), el niño ansía la autoridad. Sin embargo, los adultos son reticentes a trazar los límites. Y es comprensible. Nosotros, los adultos, no nos queremos oponer a la voluntad del niño, no queremos menoscabar su fuerza de determinación. ¡Y vaya con la fuerza de determinación de la voluntad infantil!

El bebé que llora, el niño pequeño que grita, el niño de cuarto que refunfuña, el adolescente malhumorado, todos nos ponen a prueba. Quieren saber quién es el capitán que les guía. Su propio capitán, su yo adulto, aun está en proceso… (3)

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Decir “lo siento” no basta

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Autora: Vivian Jones-Schmidt

Imagínese: Tiene siete años y acaba de pasar un montón de tiempo construyendo el mejor castillo del mundo en la foresta aledaña a su escuela. Las murallas son tan altas cuanto los arboles más altos e inamovibles como montañas; el techo es pintado azul-cielo; el foso es más profundo de lo que Usted es alto y está repleto de cocodrilos. Ningún dragón, gigante, o ejercito enemigo podrá asaltar con éxito la fortaleza que construyó con tanto cuidado. Se aventura por el mundo para reclutar alguna que otra hermosa doncella. Al volver, constata con horror como uno de sus compañeritos remueve una de sus murallas para construir su proprio castillo, y otro niño se avienta y destruye lo que había quedado en pié. Usted se larga a llorar y corre hacia la maestra. Ella entonces llama a los dos niños traviesos para que se le acerquen y le pidan disculpa.

Tal vez uno de los estudiantes realmente lo siente por haber actuado como lo hizo. Actuó sin pensar, espontáneamente, y al ver a su amigo en llanto se dio cuenta de lo malo que fue lo que hizo y genuinamente desea que nunca lo hubiese hecho. El otro estudiante tal vez no sienta ningún remordimiento. De todos modos, sí dice las palabras “lo siento”, para que no lo castiguen. Entonces un estudiante está diciendo la verdad, y el otro, considerando prudente mentir, no lo está. Ningún observador o participante de esta, escena podría determinar con certidumbre quien es quien.

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Deja de pedir permiso a tus hijos para todo, y fortalecerás su individualidad

Por Gerson Pérez Cardoza, co fundador de la Comunidad de Aprendizaje basada en la Pedagogía Waldorf – Niño Mágico en Guadalajara, México.

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Preguntamos todo, sin darnos cuenta

Este artículo empezó a gestarse una hermosa mañana de Febrero, de esas que todavía nos recibían con frío, cuando llegaba a la escuela una pequeña de año y medio de la mano de su joven y siempre radiante madre:  Se detienen ambas por un instante ante la puerta de entrada, y después de saludar amablemente, la madre nota la indecisión de su pequeña, se inclina ligeramente y le pregunta con toda dulzura: “¿Quieres entrar ya a la escuelita?”, a lo que la niña responde de inmediato moviendo la cabecita de lado a lado, sin decir palabra, en un suave pero enérgico gesto de negación.  La madre, desconcertada, replica diciendo: “¿No quieres entrar?, mi vida, ya es hora”.  Alcanzo a notar cómo el gesto de la niña empieza a convertirse en una negación cada vez más contundente y su cuerpecito se echa hacia atrás, jalando la mano de su madre en dirección opuesta a la entrada.  De inmediato, me dirijo a la niña, quien a esto ya está a punto de empezar a llorar, la tomo de la mano, y sin decir nada la veo, le sonrío y paso con ella por la puerta de entrada, entregándola a sus maestras que la reciben adentro con la alegría de siempre.  El día transcurre con total normalidad

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